Bienvenidos de nuevo a Trasteando Podcast, el rincón donde los amantes de las seis cuerdas nos reunimos para desgranar la actualidad, las anécdotas y los cacharros que dan forma a nuestra pasión. Hoy os traemos una noticia súper curiosísima, digna de un guion de película de Hollywood, protagonizada por uno de los grandes iconos de la guitarra de los años 80 y 90: Richie Sambora, el legendario y carismático guitarrista de la banda Bon Jovi.
El robo de un pedazo de historia del Rock
Para poner en contexto la magnitud de esta historia, hay que recordar quiénes son los protagonistas. Richie Sambora y Jon Bon Jovi fueron los verdaderos alma mater de una banda que no solo la petó entre los integrantes del mundillo rockero, sino que consiguió llevar el Hard Rock y el Glam Rock a todos los públicos. En aquella época dorada, Bon Jovi era prácticamente una colección de “latin lovers” del rock, logrando un impacto masivo en la cultura popular. Si os interesa esa transición y la estética que marcó toda una era, os recomiendo echarle un vistazo a nuestro artículo sobre La nueva Gibson Les Paul de Mick Ronson: Más que una firma, un culto al Glam Rock.
El caso es que Sambora, siendo un guitarrista con un gusto exquisito, tenía entre su arsenal una guitarra muy especial: una Gibson Explorer de 1976. Esta no era una guitarra cualquiera; según el propio músico, fue prácticamente su primera guitarra seria, la que pudo comprar en condiciones para empezar a tocar y grabar en los primeros discos de la banda. Tristemente, en el año 1985, este instrumento desapareció. Fue robada y, curiosamente, nunca se dieron a conocer los detalles exactos de cómo sucedió. Simplemente desapareció del mapa… hasta hoy, casi 40 años después.
El reencuentro en una subasta y la magia de las modificaciones
Lo fascinante de esta historia es cómo esta mítica Gibson Explorer ha vuelto a las manos de su legítimo dueño. En este último año, la guitarra apareció en una subasta en los Estados Unidos. Alguien la compró, se la llevó a Richie Sambora y, con el simple hecho de cogerla entre sus manos, el guitarrista supo al instante que era la suya. Dijo sin dudar: “Esta es mi guitarra, la guitarra que me robaron hace tantos años”.
¿Cómo es posible reconocer un instrumento tras casi cuatro décadas? La respuesta está en el trasteo y las modificaciones. Al parecer, esta no era una Explorer salida de fábrica sin más. Sambora le había introducido una serie de cambios muy específicos: modificaciones en la electrónica, palancas, alteraciones en el hardware… Un conjunto de ajustes que formaban una huella dactilar única e irrepetible. Él sabía claramente qué le había hecho a esa madera, y esa conexión táctil y visual fue suficiente para identificarla sin margen de error. Este tipo de historias son las que tratamos a fondo en nuestro episodio La Gibson de Schenker, la Black Strat de Gilmour y el Regreso de Sambora | Trasteando Podcast 22.
La huella dactilar de cada guitarra: Una anécdota personal
Esta conexión tan profunda entre el músico y el instrumento es algo que muchos guitarristas podemos entender a la perfección. De hecho, en el podcast comentábamos una anécdota propia que lo ilustra muy bien. Hace más de 15 años vendí mi segunda guitarra, una ESP SV Standard, la primera que compré con mi propio sueldo y a la que le invertí muchísimas horas de práctica. Sé con absoluta certeza que, si me la cruzo hoy, la reconocería al cien por cien.
¿El motivo? Las cicatrices de guerra. Apenas a la semana de comprarla, estábamos tocando con la banda en un concierto, “haciendo el mandril” sobre el escenario, cuando en un movimiento hacia adelante choqué con el otro guitarrista. La punta de su guitarra impactó directamente en el cuerpo de mi ESP, provocando un desconche muy peculiar que dejaba a la vista un pequeño agujerito. Además de eso, la guitarra se llevó otro pequeño casque en una zona lateral. Aunque la hayan restaurado a la perfección, esas marcas crearon una historia única. Si los mortales reconocemos nuestros instrumentos por estos detalles, imaginaos a un gigante como Richie Sambora, que ha pasado miles de horas sudando y tocando cada milímetro de su Explorer.
La singularidad de la Gibson Explorer
Hablemos un poco de la guitarra en sí. La Gibson Explorer es un instrumento que no deja indiferente a nadie. Visualmente es una de las guitarras más bonitas e imponentes del mercado, aunque desde un punto de vista puramente ergonómico, puede resultar un poco incómoda. Tiene un cuerpo bastante grande con un saliente puntiagudo en la parte trasera que obliga a adaptar la postura al tocar. Existen, a grandes rasgos, la versión con el cuerpo más masivo y una versión ligeramente más reducida, siendo esta última mucho más cómoda para directos largos.
Sin embargo, para Sambora, el factor comodidad pasaba a un segundo plano. Si te acostumbras a tocar con un mueble así desde tus inicios, se convierte en una extensión de tu cuerpo. Si te apasiona esta estética radical y buscas emular ese tono clásico de los setenta sin tener que ir a buscar en el mercado vintage, te recomendamos echarle un vistazo a la impresionante Gibson 70s Explorer Antique Natural, una auténtica maravilla que captura toda la esencia y la agresividad de aquellos años dorados de la marca.
El mercado salvaje de las guitarras históricas
Este reencuentro también saca a la luz una tendencia que estamos viendo mucho en el sector: la locura de los precios en las subastas. Recuperar una guitarra con esta carga histórica no es tarea barata. Hoy en día, los precios de instrumentos ligados a leyendas del rock están alcanzando cifras astronómicas. Estamos viendo subastas que se elevan a barbaridades, convirtiendo estos instrumentos en piezas de museo o en inversiones financieras de alto riesgo. Hablando de esto, es inevitable acordarse de lanzamientos recientes diseñados precisamente para el coleccionismo extremo, tal y como analizamos en nuestro post sobre cómo Gibson Convierte la Flying V de Michael Schenker en una Edición de Coleccionista Brutal.
Además del propio instrumento, parte de esa búsqueda del tono vintage pasa también por la amplificación y los efectos. Para quienes desean acercarse al sonido cálido y saturado de esos amplificadores “hot rodded” que usaban las bandas de rock duro en los 80, hay alternativas modernas fantásticas sin tener que empeñar un riñón, como bien os explicamos al probar el Wampler Golden Jubilee: El Pedal que Encapsula el Mejor Tono Hot Rodded.
Conclusión
La historia de cómo Richie Sambora ha recuperado su Gibson Explorer robada en 1985 es un auténtico regalo para la comunidad guitarrera. Nos demuestra que el vínculo emocional entre un músico y su instrumento trasciende el tiempo, el dinero y el desgaste. Aquellas guitarras que modificamos, que rayamos en directos, a las que les cambiamos las pastillas o les hacemos marcas irreparables, dejan de ser simples pedazos de madera y circuitos para convertirse en parte de nuestra propia biografía. Es casi poético pensar que, 40 años después, esa Explorer ha vuelto a los brazos del hombre que la hizo famosa, y estamos seguros de que esta guitarra ya nunca más volverá a estar lejos de él. ¿Qué opináis vosotros? ¿Tenéis alguna guitarra con marcas inconfundibles que reconoceríais a un kilómetro de distancia? ¡Os leemos y os escuchamos en el próximo episodio de Trasteando Podcast!