El mundo de la guitarra y del metal extremo está que arde. Una reciente noticia ha sacudido los cimientos de la comunidad guitarrera, desatando un intenso debate en foros, redes sociales y, por supuesto, en nuestro estudio. Hablamos de la acusación de plagio que el virtuoso Kiko Loureiro (ex-Megadeth, Angra) ha lanzado directamente contra Michael Amott, el líder y fundador de la mítica banda Arch Enemy. ¿Estamos ante un caso de copia descarada o es simplemente una de esas temidas casualidades musicales?
En el episodio de hoy de Trasteando Podcast, nos hemos sentado a desgranar toda esta situación. Como sabemos que os encantan los salseos guitarreros y los debates sobre la originalidad en la música, hemos analizado las canciones, el contexto de ambas bandas y las posibles repercusiones legales que este conflicto podría desencadenar.
El origen del conflicto: Kiko Loureiro vs. Michael Amott
Para entender bien la magnitud de esta polémica, primero tenemos que situarnos. Por un lado, tenemos a Kiko Loureiro, un guitarrista conocido por su técnica depurada, su capacidad para fusionar estilos y su reciente (y exitoso) paso por las filas de Megadeth. Por otro lado, está Michael Amott, un maestro indiscutible del Death Metal Melódico, creador de riffs icónicos tanto en Carcass como en su banda principal, Arch Enemy.
El problema estalla cuando, en la nueva canción de Arch Enemy (que estrena una etapa bastante cañera tras algunos cambios de formación y músicos), Kiko identifica una melodía de fondo durante el estribillo que, según él, es idéntica a una de sus composiciones en solitario. Amott no ha tardado en responder de forma tajante, asegurando que la acusación es totalmente falsa y mostrándose dispuesto a colaborar en cualquier investigación para demostrar que su riff es 100% original.
¿Es realmente un plagio o pura coincidencia?
Al analizar ambos temas, nos encontramos con dos mundos radicalmente distintos. La canción de Kiko Loureiro es una pieza instrumental, muy centrada en el fraseo, el shred y esa onda tan “fusionera” que le caracteriza. En contraparte, lo nuevo de Arch Enemy es un corte de death metal melódico puro y duro, con voces guturales femeninas increíblemente agresivas.
La similitud radica única y exclusivamente en una pequeña melodía de fondo que acompaña al estribillo. Nuestra opinión en el podcast es clara: probablemente no sea un plagio intencionado. En la música contemporánea, las notas son limitadas y las progresiones armónicas en el metal tienden a transitar por caminos similares. Si consideramos que cualquier similitud melódica es un plagio absoluto, tendríamos que asumir que todos le estamos copiando a Bach desde hace siglos.
Y es que componer puede ser un reto inmenso. Si tú mismo estás empezando a buscar tu propio sonido, componer tus riffs y quieres evitar caer en las típicas escalas de siempre, es fundamental contar con un equipo que te inspire. Si es tu caso, te recomendamos echar un vistazo a esta excelente selección de guitarras y gear para principiantes que te ayudarán a encontrar tu propia voz en el mástil sin arruinarte.
La fina línea de los derechos de autor en la música
Demostrar un plagio musical a nivel legal es un proceso extremadamente complejo y tedioso, un tema recurrente cuando hablamos de cómo entidades como Fender luchan contra las copias o cómo se protegen las propiedades intelectuales en la industria.
Para que un juez o una entidad gestora (como la SGAE en España o las licencias Creative Commons a nivel internacional) determine que hay robo intelectual, no basta con que un compás suene parecido. Se tiene que plagiar la melodía principal, la letra, o la estructura armónica de forma evidente.
Durante el podcast pusimos un ejemplo muy actual comparándolo con la inteligencia artificial. Si tú coges el código fuente filtrado de una IA, lo pasas por otro lenguaje de programación y alteras su estructura básica, a efectos prácticos y legales, el autor original pierde los derechos sobre esa nueva variante. Con la música ocurre algo parecido. Si coges una melodía, la bajas dos tonos, aceleras el tempo (los BPM) y le superpones una batería de doble bombo brutal y otras guitarras rítmicas… a efectos técnicos, estás creando una canción completamente nueva. Equiparar el sonido es un reto en el que el equipo influye mucho; lograr tonos modernos muchas veces requiere buscar las guitarras definitivas para el metal que empasten bien en la mezcla.
El factor “Mägo de Oz” y la cultura del “préstamo”
Por supuesto, no podíamos dejar pasar la oportunidad de ponerle un poco de humor al asunto. Aunque Kiko y Michael discutan por unas cuantas notas, en España ya estamos curados de espanto con casos mucho más flagrantes. Imposible no acordarse de Txus di Fellatio y Mägo de Oz, famosos por “tomar prestadas” (por decirlo suavemente) melodías enteras de otras bandas.
Hace unos cinco años vivimos un episodio donde un estribillo de Mägo de Oz era prácticamente un “copia y pega” de una melodía clásica. En esos casos tan descarados, la industria suele responder con demandas millonarias, multas y pagos de royalties atrasados. Sin embargo, muchas veces estas bandas se libran porque plagian temas folclóricos de hace 50 o 100 años cuyos autores originales o bien han fallecido, o sus derechos han pasado al dominio público.
¿Afectará esto al futuro de Arch Enemy?
Muchos de nuestros oyentes nos han preguntado si este escándalo manchará la reputación de Michael Amott de cara al público. Sinceramente, creemos que no. En la era de la inmediatez, donde estamos constantemente bombardeados por nuevos lanzamientos en el metal, las polémicas de este estilo tienen una vida útil muy corta.
Es el típico ruido de internet: “¡Oye, que esto se parece a lo que hice yo!”. Unos cuantos vídeos de YouTube analizando las tablaturas, cruce de declaraciones en un par de revistas especializadas, y en dos semanas, nadie se acordará de esta controversia. Los fans seguirán yendo a los conciertos de Arch Enemy para dejarse el cuello haciendo headbanging, y los seguidores de Kiko Loureiro seguirán admirando su impecable técnica en su carrera en solitario.
Conclusión
En definitiva, la acusación de plagio entre Kiko Loureiro y Michael Amott ha servido para abrir un debate muy necesario sobre los límites de la inspiración y la originalidad en el metal moderno. Aunque ambas partes tienen derecho a defender su trabajo, la similitud en la melodía parece responder más a una coincidencia derivada del uso de escalas comunes en el género que a un robo malintencionado.
Mientras esperamos a ver si este asunto trasciende a los tribunales o se queda en una mera anécdota de redes sociales, seguiremos disfrutando de la excelente música que ambos guitarristas nos regalan. Al final, lo que verdaderamente importa es que la rueda del metal siga girando, dejándonos riffs memorables que perduren en la historia, vengan de donde vengan.


